Lenguaje inclusivo y el rol del traductor

Por Marion Zepeda, Directora Escuela Traducción e Interpretación en Inglés

Siempre se ha dicho que la “lengua está viva”, que puede mutar acorde al paso del tiempo, los cambios sociales y culturales; sin embargo, hay ciertas reglas que no cambian y no se tocan. Esta última aseveración está en discordia hoy en día entre quienes rondan académicamente el mundo del lenguaje, como es el caso de los profesionales de la lengua y la comunicación: los traductores.   

Las variadas actividades, charlas y talleres realizados en nuestra escuela sobre el lenguaje inclusivo o lenguaje no sexista me han llevado a conocer diversas posiciones al respecto. Muchos estudiantes y docentes defienden el uso del lenguaje inclusivo, consideran debe hacerse la adaptación formal y correspondiente a nivel lingüístico a modo de educar en su uso a las generaciones más jóvenes. Por otro lado, están quienes manifiestan su oposición a cualquier tipo de cambio lingüístico, atacando cualquier ajuste que signifique el uso del lenguaje inclusivo de manera normada.

Las tensiones entre lo nuevo y lo viejo, la norma y el uso no son nuevas ni deberían llamar demasiado la atención, pero lo hacen. Actualmente estamos ante un nuevo hito del lenguaje, de su uso, de su adaptación a los cambios culturales, sociales y políticos de nuestro país. El uso del lenguaje inclusivo es una representación de las banderas de lucha que se han levantado en la sociedad actual entre las nuevas generaciones. Los giros lingüísticos benefician, por ejemplo, a las mujeres que sienten deben ser visibles en todo aspecto, benefician también a las personas de la comunidad LGBTI+ quienes se sienten mejor representados con términos que los identifiquen en la totalidad de su ser. 

Sabemos que las palabras tienen poder y crean realidades, el movimiento feminista logró la incorporación del término “femicidio” en el uso colectivo y en la forma en que todos los medios de comunicación relatan y hacen públicos estos hechos de violencia. La palabra “femicidio” y toda su carga emocional tuvo un gran impacto en cómo la sociedad mira y entiende la problemática de género. El lenguaje influye en nuestra manera de pensar, ya que la lengua y la ideología se construyen juntas por lo que el uso de un lenguaje inclusivo es elemental en el camino hacia una sociedad igualitaria, responsable y respetuosa.

El propósito del lenguaje inclusivo es promover la equidad de género, por lo que toca directamente a los traductores como mediadores lingüísticos y culturales que somos. El lenguaje inclusivo se abre camino, entre detractores y puristas, a paso seguro hacia nuevas propuestas académicas y de investigación en traducción. 

El lenguaje le da forma a la manera en que pensamos el mundo y nuestra sociedad en particular. Decimos ser un país moderno, progresista, pero estamos esclavizados ante el uso del masculino, al dejar de utilizar este discurso, que solo visibiliza el género no femenino o neutro, estaremos siendo protagonistas de una actitud y manifestación inclusiva.

Desde ONU-Mujeres se da la lucha por promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, consideremos que desde el sector de la traducción aportamos nuestro granito de arena a través de las palabras para lograr una lengua y una sociedad más inclusiva y equitativa. Podemos utilizar ciertas estrategias para evidenciar un lenguaje que ponga al hombre y a la mujer en el mismo nivel. Podemos utilizar expresiones de género neutro; por ejemplo, «el profesorado» en lugar de «los profesores», o los «seres humanos» en lugar de «los hombres». También podemos utilizar el desdoblamiento femenino y masculino; por ejemplo, «electoras y electores» en lugar de «los electores», o «las y los trabajadores» en lugar de «los trabajadores».

Tenemos la necesidad social legítima de incluir a la mujer en el discurso, de hacerla presente en la enunciación y de hacerla visible en el imaginario colectivo. Esto ha llevado a que diversas instituciones empleen el lenguaje inclusivo en diferentes contextos, como discursos de Estado, en instituciones educativas, organismos públicos y privados. Nosotros como profesionales del lenguaje tenemos la responsabilidad de integrarnos al debate sobre el lenguaje inclusivo o no sexista y contribuir a alcanzar una lógica de equidad entre los géneros y al servicio de la diversidad.

La actual lucha por el lenguaje inclusivo es la lucha por usar un lenguaje más justo, menos violento, que no sea utilizado como arma de exclusión y opresión. Es una lucha que trata de educar usando un lenguaje no machista, neutralizando los usos del masculino singular al sustituirlos por otras expresiones o por la inclusión del femenino singular en un gesto democrático y civilizado.  Importante en esta lucha es también dejar de utilizar expresiones hieren a grupos que tradicionalmente han sido maltratados, por ejemplo, las personas de la comunidad LGBT+.

Como mencioné previamente, hay detractores del lenguaje inclusivo, pero es parte de este debate aceptar las diferencias. Puedo dejar de manifiesto que no todo se limita a conservar la pureza del lenguaje, se trata de sumar riqueza al lenguaje abriendo caminos a los cambios socio- culturales que se dan, como todo hoy en día, a una velocidad que nubla.

Es nuestra responsabilidad como traductores, como mediadores culturales y lingüísticos aportar desde nuestro trabajo a crear un mundo más igualitario en el que el lenguaje, al fin y al cabo, da forma a nuestros pensamientos.